sábado, 8 de junio de 2013
Melancholie
Es curioso el momento en que normalmente me entran unas ganas irrefrenables de escribir. En sitios totalmente disparatados, sin un simple cuaderno a mano, un ordenador o algo que me permita perpetuar lo que pasa por mi cabeza en ese preciso instante. Las palabras se agolpan en mi mente, están ansiosas por salir, ver mundo y quizás, armarse del valor suficiente para formar algo que tenga sentido. Trascendencia.
Pero hoy es distinto. Estoy sentado en frente del ordenador, y me he puesto a escuchar a Regina. Muchos recuerdos me vienen a la mente, recuerdos de un pasado más lejano que cercano, que comparado con el Big Bang habrían ocurrido hace tan sólo unas horas; y sin embargo los siento tan lejos que tengo miedo de dejar de pensarlos por si termino olvidándolos, preguntándome si alguna vez ocurrieron de verdad. Es ese sentimiento de hacerse mayor de verdad. De darse cuenta que algunos de los mejores momentos de tu vida no van a volver. Y si comparas y el presente sale perdiendo, y si el pasado gana la partida, ¿dónde te deja eso? Sacamos fuerza de dios - no sabe - dónde, pero el suministro de fuerza está en números rojos, como prácticamente todo ahora mismo. Tiras de la carreta, de los caballos y de ti mismo, te hundes en el fango pero logras resurgir de las cenizas. Te destruyes y reconstruyes con cada desolación, con cada desilusión, con cada destrozo y con cada decepción; pero parte de ti muere con cada una de ellas, parte de tu inocencia se queda con ellas. Eres el mismo en esencia, pero te han hecho distinto. Y es que con cada experiencia nos toca adoptar una posición, y si tuviésemos que reducirlo muy mucho, estaría el hacerse un ovillo pequeño pequeño, y llorar desconsoladamente; sentirse horriblemente sólo, seguir llorando y claudicar dejando que el abismo nos abrazase hasta que ya no quedase nada de lo que éramos; o bien hacerse grande grande, y secarse las lágrimas; mirarse en el espejo y verse de verdad. Pero de verdad. Cuando nos defraudamos a nosotros mismos, cuando lo creíamos posible y no ha sido, cuando el "y si" se convierte en un "no" rotundo, cuando te recuerdas habiendo sonreído hace dos minutos invadido por una estúpida esperanza para nada, te sientes un miserable estúpido. Ahí es cuando más nos cuesta mirarnos al espejo, porque no somos capaces de ver lo que no queríamos ser y tenemos miedo de hundirnos aún más si logramos cuadrar la idea con la imagen, creernos de verdad que no valemos y que el reflejo que vemos es el real. Nunca me han gustado los espejos en los días tristes.
http://www.youtube.com/watch?v=sXcjpm5gCg8
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario