miércoles, 9 de octubre de 2013

Das Leben der Anderen

Until now siempre había sido "Das Leben der Anderen".
Algo que uno se permite observar por la mirilla de su puerta, que no abre ni afloja, pues las puertas no saben de medias tintas. Están cerradas, o están abiertas. Algo que uno se permite fisgonear cuando observa las letras de la bolsa que llevaba ese hombre con abrigo hasta los tobillos y que por décimas de segundo logró salir del vagón antes de que cerrara sus puertas para siempre. Te quedas pensando. ¿Era francés? ¿Acaso lo que había escrito era alemán? Será que ha estado de viaje, o por el contrario ¿le trajeron algún regalo y la bolsa sólo sirvió de interlocutor entre el comprador y el agasajado? Cuánto por imaginar, cuánta historia detrás de una bolsa que ni nos pertenece ni nos pertenecerá. Qué ciudades habrá visto y en qué manos habrá estado. Me gustaría saberlo, me gustaría haber conocido a esas personas y haber pisado ese suelo que nada tiene que ver con el mío. Unos vienen y van y otros simplemente permanecen donde están, porque lo que no cambia es seguro; y por consiguiente predecible. Y yo temo a lo predecible, a lo esperable, a lo que sin ningún atisbo de duda sucederá queramos o no queramos. Porque la rutina lleva a eso, y aunque uno piense que no, en cuanto se cede a la rutina - la predisposición a que suceda algo extraordinario - desaparece. Si hay algo que con el tiempo voy percatándome es que uno debe estar abierto y predispuesto al cambio. El destino no existe, la suerte tampoco, pero la suerte para aquel que no se cierra a ninguna posibilidad - sí existe. Consiste en jugar bien tus cartas en el preciso momento en que debes apostarlas. El Principio de Incertidumbre de Heisenberg decía que uno no puede conocer con plena seguridad y precisión la velocidad y la posición al mismo tiempo. Puede que en física sea así, pero en la vida real, en ésta que no espera a nadie y que sigue su curso arrasando todo cuanto encuentra, uno debe encontrarse en el lugar oportuno habiendo llegado con la velocidad suficiente para no adelantarse ni pasarse de la hora. 
A priori suena fortuito. 
¿De qué manera podríamos conocer la hora para hacer coincidir posición y velocidad? 
Precisamente es de lo que hablábamos anteriormente, cuando decía que la suerte sólo favorece a los que deciden saltar a la piscina sabiendo que está llena (eso sí), pero desconociendo si se trata de agua, ácido sulfúrico o Jägermeister. Si sale mal, uno no presentará daños cerebrales, posiblemente si le haga falta un cirujano plástico. Pero la piel es fuerte, siempre lo ha sido. Tiene múltiples capas de fortaleza y resistencia, se rompe una y resurge una segunda desde sus entrañas, porque nada la vence ni la hace desistir. Perderíamos epidermis y posiblemente tejido celular subcutáneo, y quien sabe, puede que incluso llegara a la fascia... pero recordemos que las únicas células que mueren para siempre - son las neuronas, y el cerebro seguirá dando guerra, seguirá al pie del cañón hasta que nosotros decidamos que sucumbimos a nuestras propias expectativas. La vida que queríamos vivir y que dejamos de intentar vivirla simplemente porque el agua estaba muy fría o los 35º del Jägermeister hacían escocer mis heridas. 
Quien no intenta no gana. Eso lo sé muy bien. Y juro que he perdido muchas veces... pero la sensación que a uno le invade cuando las cosas se hacen en el momento oportuno, con un pánico que desconocía hasta el preciso momento de enfrentar la situación, y ver como después de todo lo que imaginaba va cogiendo forma... es un algo difícil de describir. 
Superarse, incluso al concepto que uno tiene de sí mismo. 
That's life.
Ya no es La vida de los Otros. 
Por fin estoy viviendo la vida que quería vivir. 


miércoles, 24 de julio de 2013

Lass es gehen


"Yo no hablo de venganzas ni perdones, el olvido es la única venganza y el único perdón".

Solía pensar en el olvido como una medida extrema, algo en lo que uno se refugia cuando no le quedan más opciones. Una carta blanca para ser utilizada cuando no te quedan más cartas y la partida está sentenciada. Un salvoconducto. Pero ese comodín tiene también sus desventajas.

Hace tiempo que empecé a 'intentar' reconciliarme con el pasado. Y digo el pasado, no porque haya transcurrido un tiempo contrariamente prudencial, si no más bien por la ausencia de cualquier tipo de conversación entre dos personas. Empezar a olvidarse, es dejarse de hablar, de contarse, y al fin y al cabo - de conocerse. Últimamente me he dado cuenta de que conozco muy poco a determinadas personas. Te chocas un día con alguna, y uno cree que va a ser un fiel observador de toda su existencia. Sin saber cómo ni porqué, se imagina en tribuna siguiendo la obra sin perder ningún maldito detalle; pero de lo que no se percata este pusilánime es de que el teatro recibe cada día a nuevos teatro-espectadores y que en cualquier momento su tribuna puede ser sustituida por un asiento en grada general, de pie y con un bigardo de dos metros diez delante suyo. Nuestra puerta está abierta (no podría ser de otra manera), y nosotros estamos abiertos a lo que tenga que venir. No nos negamos alternativas, no decimos "no" hasta que se haya colado en nuestra casa y haya barrido hasta la última mota de polvo. Nos gustan los dramas, pero los reservamos para la escena final; así que de esa manera intentamos conservar y almacenar el mayor número de comodines por si contra todo pronóstico, nos decantáramos por un final... un poquito menos dramático. Ves desfilar a la gente y ellos te entretienen, pero a medida que se van reproduciendo los payasos, un payaso es sepultado entre la masa, y a ti te da igual, porque todos son iguales ante tus ojos. No notas la diferencia. Uno puede ser importante un día pero al siguiente, será sustituido por la última adquisición del monarca.

He intentado reconciliarme con el pasado, y he fracasado. Los payasos se han multiplicado y ni siquiera puedo ver ya la primera fila del anfiteatro. He perdido la silla y me mantengo de pie, el tumulto lo hace, pero sé que cuando deje de ver la segunda y la tercera fila, el groso de gente se irá disipando y no habrá mucho más que me sujete. No sujetarse será no estar en posición privilegiada, perderse la obra, salir del teatro. Y no es que no vaya a ver más funciones en toda mi vida, pero tenía la seguridad de que algunas serían gloriosas; y me perderé el final sin lugar a dudas. Nunca me ha gustado dejar las cosas a medias, es como comer sushi sin wasabi.

Querríamos ser monarca siempre, pero a todos nos toca finalmente la dualidad del olvido en su forma infinitiva y de ser olvidados, en su forma más desesperanzadora.

viernes, 21 de junio de 2013

Bullshit

No tengo mucho que añadir.
Hoy se ha desmoronado la baraja de naipes. Sólo quedaban por poner dos cartas, e indudablemente la última necesita de su antecesora para cuadrar la torre. No sirven chanchullos ni intercambios equivalentes, esto no es Alquimia. Y fallando la primera, la segunda pierde también.

Eso es todo.

miércoles, 19 de junio de 2013

Erwartungen


Siempre he pensado que el pasado, un pasado que de verdad haya sido glorioso, lo es todo a la hora de enfrentarnos a lo que sucesiva e inequívocamente está por pasar. Pero, y aunque a priori no lo concibamos así, un pasado de esas características puede suponer un lastre.

El umbral del conformismo ascenderá tanto que las expectativas del futuro serán inalcanzables, condicionando por completo nuestro presente. Uno quiere repetir el mismo cuento, una y otra vez, porque si una vez sucedió, ¿qué nos hace pensar que el giro de 360º no es posible? Nos alimentan con campañas propagandísticas, con eslogans de firmas deportivas y bebidas energéticas. "No te rindas, eres capaz". Vivimos frustrados antes de frustrarnos. 

Y desde hace un tiempo para acá, están surgiendo un nuevo colectivo que espera grandes cosas sin haberlas vivido con anterioridad. Algunos que habiendo visto a sus semejantes gozar de tal fortuna, empatizan y se sienten merecedores de la gloria. Del "no sabía que era imposible, hasta que lo hizo", pero sin hacer nada. El problema de todo esto es que están empezando a arrastrar al resto, compitiendo por ver quien consigue ser feliz antes, dejando de lado lo que de verdad importa.
Y en mitad de su locura, no logramos estar a la altura.
Una altura que decidimos imponer nosotros mismos.

viernes, 14 de junio de 2013

Civilian


Todos los días son lunes. Todos los días son domingos. Hace tiempo que se extinguieron los viernes.

La gente se va separando, progresivamente, sigilosamente. No arman ruido, no hablan, no se quejan ni dicen nada inapropiado. Ríen y siguen su vida como si nunca hubieses formado parte de ella. Y de repente, un día, no hay nadie. La niebla desaparece.

El abismo se abre entre tú y el resto. Personas que van quedando atrás, ¿o eres tú el que se queda atrás? Una, dos, tres, cuatro, cinco... tantos cadáveres que al final, después de tantos puños contra la pared y tanta mala hostia, puede que la culpa sea tuya. Que no hayas dado tanto como hayas recibido, que hayas sido egoísta, que se hayan cansado de esperar a que cambies, a que seas humano. Nadie da sin esperar a recibir, y esperan recibir sin tener que decirlo, es algo muy cómico. Existen dos clases de personas que actúan unilateralmente; las que por inercia y digamos, desconocimiento - sólo reciben, porque se está tan bien en la parcela de la comodidad y conveniencia de que nada fuera de esos límites nos hace preguntaros de dónde viene o a quién hay que corresponder por semejante agrado, que simplemente lo dejan pasar. Por otro lado, están las que premeditadamente obvian la cuestión, su tiempo no es malgastado en causas que no suponen un beneficio personal. Eres una causa perdida, con la diferencia del que te hace sentir así, que tú aún no lo sabes.

Pero no es tan fácil succionar a alguien. El ser humano es fuerte por naturaleza. Genocidios, guerras, bombas nucleares, atentados, plagas, desastres naturales... a todo ha logrado sobreponerse. A todo. Parece que la única alternativa para lograr su extinción será el día en que el sol decida apagarse... o posiblemente antes, el día en que él mismo decida auto-destruirse. Pero en el fondo, además de fuerte, el ser humano es simple. Y lo que a priori no debiera hacernos tambalear, lo hace; haciendo de una piedra en el zapato - la protagonista del mayor drama jamás contado.

La gente está desapareciendo. Cada día lo noto más. 
Es incontrolable. 
Y me desespera.
Me entristece.
Dejan de hablarte, 
               dejan de necesitarte para ser felices.

Y tú que ni siquiera sabías si eras feliz, ahora te obligan a ser feliz sin ellos, a plantearte si lo que tenías se le parecía algo a una situación de "bienestar", y a comparar tus expectativas con lo que tienes. Les ves felices, y no te alegras por ellos. No eres capaz, ni de coña. Te dices que la felicidad está sobre-valorada porque no la tienes, pero qué cojones, claro que lo está, precisamente porque casi nadie lo es - aunque finjan que lo son para no parecer mediocres asociales. Pero es que la mayoría es infeliz, la mediocridad reside en eso. Y te gustaría no pertenecer a ella, pero al mismo tiempo tienes un sentimiento de fidelidad para con ella, miras a los felices de refilón y te gustaría empujarles despacito, disimuladamente, tal y como ellos hicieron contigo. Y no puedes, juegan en ligas distintas a la tuya. Recuerda que ya no les importas, cualquier muestra de rencor te haría aún más débil, y lo peor, les darías a conocer tu verdadera situación. Te pudres por dentro, pero oye, ellos aún  no lo saben. Deja que siga siendo así. Aún puedes fingir ser feliz, puedes amoldarte fácilmente a su forma de actuar, sólo tienes que sonreír. Abre bien la boca, enseña los dientes y échate lágrimas artificiales en los ojos, lo justo para que no resbalen pero te den ese brillo que sólo los valientes tienen. Paso decidido y cabeza bien alta. Nadie podrá decir que no formas parte de la élite. 

Acabas de crear un nuevo concepto: no eres feliz, pero tampoco eres mediocre; eres un mediocre avergonzado de serlo. Eres un infeliz camuflado. Te piensas feliz, hasta que terminas por creértelo, pero llegarán más abandonos, retiradas sigilosas hasta que no quede nada, ni nadie. Serás el rey de tu micromundo, pero no habrá nadie para verlo derrumbarse. Porque no les importas una mierda. Destilas inseguridad y te resignas con lo que no quieres. Te pones a pensar en el amigo que se enamoró de ti y le rechazaste, y te dejó de hablar. La que era tu mejor amiga y te prometió por activa y por pasiva que jamás dejaría que ningún chico se interpusiera entre vosotras, hasta que no dudó en abandonarte por una apuesta más "complaciente". En los que avanzaron más rápido y conocieron a más gente que dejaban de ser tú, para convertirse en tu yo del pasado. En los que se quedaron atrás, y por supervivencia personal se sociabilizaron con otras personas, a esos no puedes culparles. ¿Seré el cadáver en el armario de alguien? ¿Se preguntará alguien si podría haber sido de otra manera, si su vida sería mejor si yo estuviera en ella? 

Echarse de menos a pesar de todo, y todos; echarse de menos a distancia, en esa distancia en que ni siquiera llegas a rozar los dedos cuando extiendes el brazo; echarse de menos y pensarse en la cabeza del otro, como si pudiera haberse equivocado. Cuando te invade la soledad y te viene a la mente lo bien que lo pasabas antes y lo poco que sonríes ahora, entonces recuerdas cómo comenzó todo, y te dices - sin sentido alguno - que podría haber sido diferente... y ahora, estarías sonriendo. 


http://www.youtube.com/watch?v=kE7jVnkrAZU

sábado, 8 de junio de 2013

Melancholie


Es curioso el momento en que normalmente me entran unas ganas irrefrenables de escribir. En sitios totalmente disparatados, sin un simple cuaderno a mano, un ordenador o algo que me permita perpetuar lo que pasa por mi cabeza en ese preciso instante. Las palabras se agolpan en mi mente, están ansiosas por salir, ver mundo y quizás, armarse del valor suficiente para formar algo que tenga sentido. Trascendencia.

Pero hoy es distinto. Estoy sentado en frente del ordenador, y me he puesto a escuchar a Regina. Muchos recuerdos me vienen a la mente, recuerdos de un pasado más lejano que cercano, que comparado con el Big Bang habrían ocurrido hace tan sólo unas horas; y sin embargo los siento tan lejos que tengo miedo de dejar de pensarlos por si termino olvidándolos, preguntándome si alguna vez ocurrieron de verdad. Es ese sentimiento de hacerse mayor de verdad. De darse cuenta que algunos de los mejores momentos de tu vida no van a volver. Y si comparas y el presente sale perdiendo, y si el pasado gana la partida, ¿dónde te deja eso? Sacamos fuerza de dios - no sabe - dónde, pero el suministro de fuerza está en  números rojos, como prácticamente todo ahora mismo. Tiras de la carreta, de los caballos y de ti mismo, te hundes en el fango pero logras resurgir de las cenizas. Te destruyes y reconstruyes con cada desolación, con cada desilusión, con cada destrozo y con cada decepción; pero parte de ti muere con cada una de ellas, parte de tu inocencia se queda con ellas. Eres el mismo en esencia, pero te han hecho distinto. Y es que con cada experiencia nos toca adoptar una posición, y si tuviésemos que reducirlo muy mucho, estaría el hacerse un ovillo pequeño pequeño, y llorar desconsoladamente; sentirse horriblemente sólo, seguir llorando y claudicar dejando que el abismo nos abrazase hasta que ya no quedase nada de lo que éramos; o bien hacerse grande grande, y secarse las lágrimas; mirarse en el espejo y verse de verdad. Pero de verdad. Cuando nos defraudamos a nosotros mismos, cuando lo creíamos posible y no ha sido, cuando el "y si" se convierte en un "no" rotundo, cuando te recuerdas habiendo sonreído hace dos minutos invadido por una estúpida esperanza para nada, te sientes un miserable estúpido. Ahí es cuando más nos cuesta mirarnos al espejo, porque no somos capaces de ver lo que no queríamos ser y tenemos miedo de hundirnos aún más si logramos cuadrar la idea con la imagen, creernos de verdad que no valemos y que el reflejo que vemos es el real. Nunca me han gustado los espejos en los días tristes.

http://www.youtube.com/watch?v=sXcjpm5gCg8

miércoles, 5 de junio de 2013

Nächster


Hasta hace dos días, quizás menos, todo eran visiones tremendistas y apocalípticas de lo que iba a ser cualquier cosa que sucediera en los próximos 5 minutos. Si hacía sol se pondría a llover, si la huelga de metro estaba prevista para el jueves la cambiarían al martes, el internet dejaría de funcionar (lo cual supondría un tremendo abismo interno para mi ya asimilada adicción diaria) y me tropezaría estampanándome contra el suelo haciendo de mis nuevas gafas de 400 euros una muestra fehaciente de lo que se entiende hoy en día por modernismo. El problema es que a mí no me haría ni puta gracia.

Pero las previsiones eran erróneas. Una entrada en un aula de examen, acojonados, haciendo bromas absurdas al más estilo "puede que fuera más fácil que nos diera un aprobado general" (contra todo pronóstico la gente se reía), para seguirle un poco previsible - "Al menos lo he intentado". Lo admito, me siento cómodo sintiéndome el centro - aunque no lo sea - e incómodo sintiéndome la última mierda - aunque a veces no lo sea. Por un instante entiendes los aplausos del que da un discurso, el tarareo de los fieles que se saben tus canciones, las miradas de los que se derriten por tu cuerpo y hasta las carcajadas no intencionadas de los que tienen ese qué se yo, swing para las relaciones sociales. Salí contento y estaba deseando irme derecha a  dormir, pero como bien dice mi madre - soy incapaz de decir no a cualquier plan que me involucre. Siendo así, quedé con ella en sol, calle montera, para dirigirnos al Factory. Yo ya había estado dos veces, así que me pareció correcto que nuestro destino fuera el mismo que antaño. L. tenía claro qué quería hacerse y yo iba en principio como apoyo moral, ni siquiera para sujetarle la mano ni acercarle un pañuelo, las chicas de ahora no pierden el tiempo en lloros absurdos. Qué va, más bien como lazarillo de Tormes, sin Tormes.
Pues bueno... queda decir que no pude controlarme. No tenía necesidad, ni siquiera tenía un apartado de gastos destinado a "locuras sin fundamento" entre mis ingresos de esa semana, pero una vez que entras en el torbellino del , ya es imparable.

Así que nos precipitamos al asfalto tras el trabajo bien hecho, un poco más doloridos pero sin quejas. Teníamos lo que queríamos, y oye, estaba contento con el resultado. Luego L. me llevó a un sitio considerado un "Bar sin retoques": 'Casa Camacho', de esos de toda la vida a los que no se les ha cambiado ni un ápice de su mobiliario, donde los palillos se siguen tirando al suelo, y te puedes pedir gustosamente un yayo, algo que no había escuchado en mi vida. Qué bueno estaba aquello. Nació a principios de los años 80 y sus ingredientes capitales son la casera, la ginebra y el vermú. Un orgasmo para el paladar, en cuanto bebas uno, no podrás resistirte a no beber ninguno más.

Al final acordamos, que deberíamos seguir "recorriendo" las calles de tribunal en busca de nuevos sitios, nuevos en cuanto a nunca vistos, pero de toda la vida, de todos, y donde siempre. Lo mejor de todo, es que ella es gallega, y se sabe mejor estas cosas que yo mismo, que me consideraba un gato, hasta ahora.


domingo, 2 de junio de 2013

Adagio for Strings.

Hoy me han levantado con esta octava maravilla.
http://www.youtube.com/watch?v=aYX8XMFsXmQ

Y uno se pone a pensar.

Es esto lo que queremos, o
nos estamos conformando con lo que queríamos.

viernes, 31 de mayo de 2013

[Aber...]

Hoy iba a ser uno de esos días inolvidables. De esos que no pisas casa, y sin embargo estoy escribiendo esto, aquí.
Todo se ha ido a la mierda.
Suena Johnny Cash.
Suena Hurt.

No puedo dejar de emocionarme cada vez que escucho esta canción. No puedo. Es tan dura y tan terriblemente real que creo que es por eso por lo que uno no puede dejar de llorar al escucharla. Cada palabra, cada frase, es un golpe de jodida realidad. Y ya se sabe, uno no puede permanecer demasiado tiempo escondiéndose.
Cash decía... "al final todo el mundo termina marchándose de nuestro lado, y sin embargo algunos seguimos donde siempre, anclados a un algo que no nos complace pero que no necesita modificarse, porque nos mantiene a flote. Esto es un imperio de desechos, y a pesar de todo no te sujetaría, te dejaría caer, te haría daño. Pero y si... y si pudiera empezar de nuevo, a millones de millas de distancia, lograría conservarme a mi mismo, terminaría encontrando la manera".

Podría intentar recuperar el momento, pero lejos de lo que nos dicen, las segundas oportunidades no existen. Uno debe ser consecuente con lo que hace, dice y piensa. Y el día de hoy no se repetirá nunca más. Y creo que en parte es lo que más me duele, no podré disfrutar del que iba a ser un día increíble. Quizá parezca una trivialidad, pero cuando llevas esperando algo durante tantos años y con tantas ganas que esos mismos años se te olvidan en la memoria,  el resultado lo es todo. El tiempo no perdona, pero el olvido tampoco, y no podré olvidarme de lo que podía haber sido, y no fue.