viernes, 14 de junio de 2013

Civilian


Todos los días son lunes. Todos los días son domingos. Hace tiempo que se extinguieron los viernes.

La gente se va separando, progresivamente, sigilosamente. No arman ruido, no hablan, no se quejan ni dicen nada inapropiado. Ríen y siguen su vida como si nunca hubieses formado parte de ella. Y de repente, un día, no hay nadie. La niebla desaparece.

El abismo se abre entre tú y el resto. Personas que van quedando atrás, ¿o eres tú el que se queda atrás? Una, dos, tres, cuatro, cinco... tantos cadáveres que al final, después de tantos puños contra la pared y tanta mala hostia, puede que la culpa sea tuya. Que no hayas dado tanto como hayas recibido, que hayas sido egoísta, que se hayan cansado de esperar a que cambies, a que seas humano. Nadie da sin esperar a recibir, y esperan recibir sin tener que decirlo, es algo muy cómico. Existen dos clases de personas que actúan unilateralmente; las que por inercia y digamos, desconocimiento - sólo reciben, porque se está tan bien en la parcela de la comodidad y conveniencia de que nada fuera de esos límites nos hace preguntaros de dónde viene o a quién hay que corresponder por semejante agrado, que simplemente lo dejan pasar. Por otro lado, están las que premeditadamente obvian la cuestión, su tiempo no es malgastado en causas que no suponen un beneficio personal. Eres una causa perdida, con la diferencia del que te hace sentir así, que tú aún no lo sabes.

Pero no es tan fácil succionar a alguien. El ser humano es fuerte por naturaleza. Genocidios, guerras, bombas nucleares, atentados, plagas, desastres naturales... a todo ha logrado sobreponerse. A todo. Parece que la única alternativa para lograr su extinción será el día en que el sol decida apagarse... o posiblemente antes, el día en que él mismo decida auto-destruirse. Pero en el fondo, además de fuerte, el ser humano es simple. Y lo que a priori no debiera hacernos tambalear, lo hace; haciendo de una piedra en el zapato - la protagonista del mayor drama jamás contado.

La gente está desapareciendo. Cada día lo noto más. 
Es incontrolable. 
Y me desespera.
Me entristece.
Dejan de hablarte, 
               dejan de necesitarte para ser felices.

Y tú que ni siquiera sabías si eras feliz, ahora te obligan a ser feliz sin ellos, a plantearte si lo que tenías se le parecía algo a una situación de "bienestar", y a comparar tus expectativas con lo que tienes. Les ves felices, y no te alegras por ellos. No eres capaz, ni de coña. Te dices que la felicidad está sobre-valorada porque no la tienes, pero qué cojones, claro que lo está, precisamente porque casi nadie lo es - aunque finjan que lo son para no parecer mediocres asociales. Pero es que la mayoría es infeliz, la mediocridad reside en eso. Y te gustaría no pertenecer a ella, pero al mismo tiempo tienes un sentimiento de fidelidad para con ella, miras a los felices de refilón y te gustaría empujarles despacito, disimuladamente, tal y como ellos hicieron contigo. Y no puedes, juegan en ligas distintas a la tuya. Recuerda que ya no les importas, cualquier muestra de rencor te haría aún más débil, y lo peor, les darías a conocer tu verdadera situación. Te pudres por dentro, pero oye, ellos aún  no lo saben. Deja que siga siendo así. Aún puedes fingir ser feliz, puedes amoldarte fácilmente a su forma de actuar, sólo tienes que sonreír. Abre bien la boca, enseña los dientes y échate lágrimas artificiales en los ojos, lo justo para que no resbalen pero te den ese brillo que sólo los valientes tienen. Paso decidido y cabeza bien alta. Nadie podrá decir que no formas parte de la élite. 

Acabas de crear un nuevo concepto: no eres feliz, pero tampoco eres mediocre; eres un mediocre avergonzado de serlo. Eres un infeliz camuflado. Te piensas feliz, hasta que terminas por creértelo, pero llegarán más abandonos, retiradas sigilosas hasta que no quede nada, ni nadie. Serás el rey de tu micromundo, pero no habrá nadie para verlo derrumbarse. Porque no les importas una mierda. Destilas inseguridad y te resignas con lo que no quieres. Te pones a pensar en el amigo que se enamoró de ti y le rechazaste, y te dejó de hablar. La que era tu mejor amiga y te prometió por activa y por pasiva que jamás dejaría que ningún chico se interpusiera entre vosotras, hasta que no dudó en abandonarte por una apuesta más "complaciente". En los que avanzaron más rápido y conocieron a más gente que dejaban de ser tú, para convertirse en tu yo del pasado. En los que se quedaron atrás, y por supervivencia personal se sociabilizaron con otras personas, a esos no puedes culparles. ¿Seré el cadáver en el armario de alguien? ¿Se preguntará alguien si podría haber sido de otra manera, si su vida sería mejor si yo estuviera en ella? 

Echarse de menos a pesar de todo, y todos; echarse de menos a distancia, en esa distancia en que ni siquiera llegas a rozar los dedos cuando extiendes el brazo; echarse de menos y pensarse en la cabeza del otro, como si pudiera haberse equivocado. Cuando te invade la soledad y te viene a la mente lo bien que lo pasabas antes y lo poco que sonríes ahora, entonces recuerdas cómo comenzó todo, y te dices - sin sentido alguno - que podría haber sido diferente... y ahora, estarías sonriendo. 


http://www.youtube.com/watch?v=kE7jVnkrAZU

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